domingo, julio 15, 2012
Solo me faltas tú.
Llegas a casa. Buscas
las llaves en el bolsillo izquierdo. No las encuentras. Bolsillo derecho. Ni
rastro. Bolsa. Nada. Tus padres no están en casa. Se fueron de viaje. A Londres. Necesitaban escapar
de todo. De ti. Y tú necesitabas sacarte a tus padres de encima. Sí. Pero ¿ahora
qué hacer? Te sientas en el bordillo de la entrada de tu casa. Y piensas.
Piensas donde están las putas llaves. Suspiras. Cierras los ojos. Los
abres. Y ves a él. A tu amigo. Vuelves a cerrar los ojos. Los abres. Lo vuelves
a ver. Veo que sigues suspirando, ¿Qué te pasa ahora? pregunta. Mis
llaves, que.. Él te interrumpe ¿Estas? Tú miras tus llaves enfadada, ¿qué coño haces
con mis llaves? Se ríe. Bueno, encima de que te las cojo del suelo, se te
habían caído pedazo de lista, y yo, que soy una persona demasiado buena, vengo
a tu casa, siendo que puedo estar en la mía, para traértelas, y tú,
te enfadas conmigo, que bonito ¿no? Lo menos que puedes hacer es invitarme a pasar, pero nada, como no lo haces tú,
me invito yo. Tú te quedas con cara de idiota mientras estas mirando como
intenta abrir la puerta de tu casa. La abre y te dice,
¿pasas? Se te quita la cara de tonta. Eres gilipollas, es mi casa, no la tuya,
claro que paso ,pero tu te vas. Se ríe. No, me quedo, o sino ya sabes dónde van
a parar tus llaves. Se las intentas quitar. Cuidado con lo que haces, ya donde irán a
parar si no.. No le das tiempo a acabar. Te lanzas a él. Quieres tus llaves.
Vale, tú lo has querido. Se las mete dentro de sus vaqueros. De
sus calzoncillos. Ahí. Eres un hijo puta. Ya lo sé, no es la primera vez que me
lo dices. Sonríe. Pasa a tu casa. Entras con él. ¿Dónde está
tu habitación? dice. Cabrón, dame mis putas llaves. Cógelas. Te ríes. Esta vez,
estas harta. Harta. Me atrevo. Hazlo, te reta. Te atreves. Coges las llaves. Él
se queda con cara de idiota, pero, enseguida vuelve a sonreír. Tu también
sonríes. Le miras. Se está desabrochando el cinturón. Te sorprendes. Te mira.
Vete de mi casa, dices. No, acabemos con lo que has empezado. ¿Qué coño haces?
preguntas. Quitarme el cinturón ¿por? ¿no me vas a dejar con el calentón, no?
Se ríe. No claro, contestas. Se sorprende. Piensas que lo dices en broma. ¿A
qué esperas? ¿Te los bajas tú? ¿o te los bajo yo? dices mirando a sus vaqueros.
Tú. Te acercas poco a poca. Te aproximas a su oído. Quítatelos, le dices muy
despacio con voz dulce. Atractiva. Le sonríes. Se los quita. ¡Muy bien!
pronuncias casi como un susurro. Se ríe. Ahora te toca a ti, la camiseta, te
dice. Te sonríe. Le sonríes. Te vas acercando más a él. Mientras tú das pasos
hacia delante, él va hacia atrás. Él se estampa contra la puerta de la entrada.
Tú vuelves a sonreír. Él también. Le besas el cuello, mientras él te dice al
oído me encantas. No esperabas esto. No esperabas que te gustaría. Olvidas ese
pensamiento. Y haces, lo que tienes que hacer. Lo quitas la camiseta. Está a
punto de besarte. Deseas besarle. Deseas estar con él. Vuelves olvidar el
pensamiento. Abres la puerta. Le empujas hacia fuera. Le cierras la puerta en
sus narices. Vuelves a abrirla. Le encuentras tirado en el suelo. Riéndose. ¿Me
das mi ropa? te dice. Capullo, gritas.
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